
Hoy viene a vernos mi amiga Tamara Bonilla desde Alemania. Todos quieren café, ella pide té. Como tantos otros, se fue de España en busca de trabajo pero vuelve con una visión muy distinta de las cosas. No es fácil dejarlo todo. «Me siento desterrada», confiesa.
Del paro se puede decir que, a veces, tiene cosas maravillosas y una de ellas, para mí, es haber conocido a una persona tan valiente y luchadora. El teclado es todo suyo. Gracias por venir a Con C de Leticia, Tamara. ¡Os dejo con ella!
Jóvenes profesionales emigrantes
Un par
de años atrás, España vivió una época dorada en el campo de la publicidad. Las empresas no reparaban en gastos en lo que a anuncios,
presentaciones, actos de promoción, congresos, ferias y otros
eventos propios del sector se refiere. ¿Qué pasó? Pues que la ya
tan conocida crisis llegó y las empresas empezaron a recortar
gastos, siendo los jóvenes trabajadores los más afectados. Entre
ellos me encuentro yo, una futura promesa en el mundo del marketing
que, con tan solo 22 años, ya me había ganado un hueco en tan
complicado sector. Ahora, como muchos otros de mi edad, he emigrado
a Alemania en busca de un trabajo.
Después de 4 meses en Hamburgo, estoy teniendo grandes problemas para encontrar trabajo, ya que aún no domino el idioma, que tan importante es cuando uno se dedica al marketing. Desesperada ante tal situación, he buscado trabajos que sean íntegros en inglés, idioma que domino perfectamente, pero que no es suficiente frente a los nativos que también se presentan a estos puestos.
La
única solución plausible es ser camarera o niñera, lo cual no hace
más que incrementar mi estado de depresión. ¿Cómo he pasado de
sentirme en la cima del mundo a sonar mocos a indomables niños? Otra
opción sería cambiar de profesión y hacerme enfermera o ingeniera
que es lo único que buscan fuera, pero no estoy dispuesta a estudiar
una nueva diplomatura cuando, ¡yo siento pasión por mi profesión!
Mi último recurso es marcharme a Sudamérica, donde el idioma no es
un problema y probablemente mis estudios y experiencias sean
valorados de otra manera. En Europa sobra la gente cualificada,
con lo que quizás es hora de ampliar fronteras. La
única pega es, ¡que yo quiero quedarme en mi tierra!